Los mejores se van temprano,
En un instante de intensidad abrasante,
La fugacidad de una vida demasiado hermosa para ser longeva,
Así me despido de cada hermano,
Así se va la gente importante,
Y si he de permanecer para verlos a todos convertirse en ecos inmortales,
Si así me he de convertir en el alquimista del recuerdo de mejores días,
Que así sea,
Que así sea,
“Las mejores mentes de mi generación”,
Veloces astros sin dirección, serán devoradas por la locura,
Pero consumidas en servicio del amor,
De la pasión de un bien mayor, una vida simplemente vivida,
Por siempre, los héroes de mi veneración,
Mis modelos a seguir, mis compañeros en armas, mis trincheras en la premura,
Los placebos a mi temor,
mi más ferviente pavor, el de desperdiciar vida,
En algo en lo que ellos no perderían su tiempo ni agotarían esfuerzo.
Milagros constantes, vivir en presencia y compañía,
De espectaculares gigantes,
De hombres viciados inteligentes,
Un testimonio en mis versos,
Atestiguar a un sol alcanzar supernova, un milagro de un día,
Una tarde ociosa, entre extraños semejantes,
Entre los que son, un perfecto ignorante,
Y yo,
Ante todo,
Un sentido del humor, sin sentido,
Una carencia de relevancia en todo,
Y la plena consciencia de todo esto en vista de lo pequeños que somos,
Una visión universal,
Del hombre de familia, del héroe inmoral
De la antítesis del Nazareno,
Mi amigo, el indecente,
Mi amigo, el padre prematuro,
Mi amigo, el hombre inmaduro,
El moralmente ambivalente,
Un hombre de mundo,
De letras, obscenas, y ricas, abundantes, proezas ambulantes,
Un hombre de pocas palabras,
Pero en lo pocas, sabias,
En lo breves, ciertas,
En lo ausentes, hermosas,
Carentes,
Un hombre sin miedos,
El que enuncia la palabra amigo sin rodeos,
El que se da un guamazo de whisky sin que le tiemble el pulso,
Sin la cara de crío,
El sabe ser uno cuando hay que serlo,
Un hombre de rostro hermoso,
El rostro que da gusto ver,
La mano que más vale estrechar,
Un nombre,
Al que realmente voy a echar de menos…
Dedicado a Gustavo Martorano.
Gus, te vamos a extrañar demasiado...
-iluminación zen para la generación "trend"-
domingo, 8 de agosto de 2010
sábado, 7 de agosto de 2010
Pequeña cosa hermosa
Hay fenómenos inéditos
Dentro del gran diseño,
Milagros vacíos del crédito
Demandado por su dueño.
Son extrañas coincidencias,
En cada color, en cada patrón,
en pequeños detalles y en todo el emporio.
Es el amor que se puede hallar en las apariencias,
Codificado como otro gran misterio aleatorio,
Cada sonido familiar, subliminal en una canción
Cada rostro íntimo, escondido en un gran cuadro,
Cada aroma pasajero que el viento sin nombre le roba a su origen indiferente,
Y lo arroja sin miramientos ni consideraciones, a mis reacciones viscerales,
A mis diez mil memorias disparadas como ojiva del megatón brutal,
De la calle a mi nariz, de algún verano cercano a tu olor diario,
A una tarde genérica en la que estás demasiado lejos de aquí,
Y en vez de imaginar lo probable:
Que pudo ser la esencia, popular y agradable,
Emanada de algún-otro cuerpo ajeno en el montón,
Prefiero pensar que eres tú,
Viajando en información química, olfativa,
A través de miles de kilómetros,
A través de años metafísicos imposibles de surcar,
Desde nuestro verano del ’42,
Todos esos años,
Hasta ahora,
Finalmente recuperados,
Como reconocer la imposible tontería de tus maneras y tus vías intransitables del pensamiento,
Los vecindarios inhóspitos en los que pares, crías, y poner a vivir tu sentido del humor,
Como una extraña aberración, una bestia especial,
Enjaulada para su adiestramiento,
Irreconocible para el hombre que ríe la risa normal
Ajeno, foráneo, antinatural,
Único a su especie, exclusive a su origen y su nacimiento,
Extranjero para cualquiera, pero familia para el que coseche y críe a otro similar,
Lejos de las tierras baldías que son las “otras personas”,
Eres mi país natal,
En el peligro de continuar viviendo en un mundo extinto de misterios
De milagros con fecha de caducidad,
Todos te ven, con pánico, burla y algo más, nada bueno,
Y dicen “!Tore Kong!”
Tore Kong…
Reina, lo eres,
En tu isla perdida, en tu hogar sin límites realistas,
Reinas lo que se extiende y se pierde de vista,
Lo que nadie más conoce y nadie más entiende,
En “Otras personas”, eres grande, dura y ruda,
Eres intimidante y diferente y el pobre cuerdo, se defiende.
Réiname, maravilla,
Réiname como perdidos a millones de kilómetros del MacDonald’s más cercano conocido,
Réiname desde los años entre nosotros, desde el verano del ’42 que no hemos tenido,
Se grande y dura y ruda,
Réiname con tu alma desnuda, en tu esencial salvaje, en la tontería de tus maneras,
Llévame por las vías intransitables de tu pensamiento,
Preséntame en los vecindarios inhóspitos en los que vive tu sentido del humor,
Y te daré a tu primer vecino,
Tu primer amigo, casado de tu amistad,
Empapado de la desnudez de alma y criado en la esencia salvaje,
Quiéreme cerca, en el vecindario, en la misma isla,
En el hogar de todo lo que temes compartir,
Porque hay fenómenos inéditos,
Y milagros huérfanos de dueño,
Existen extrañas coincidencias,
Y aún más cosas hermosas en nuestras diferencias,
En colores,
En todos tus colores,
En sonidos,
Para quien tu risa es tu Novena Sinfonía,
Y tus retratos son las más hermosas alegorías,
En tu arte,
En lo que pintan tus tonterías,
En imaginar lo imposible,
Que tu país existe, tu isla-aun-sin-compartir,
La más grande de tus galerías,
En saber que tu rostro existe y es tan hermoso como recuerdo,
En poder ver lo invisible,
Cuando me hablas y no lo puedo ver,
Y cuando imagino que lo podría volver a hacer,
En palabras imprecisas escondo intenciones que se escurren,
Códigos para tus vías intransitables,
En mi labia que rara vez sirve para algo,
Espero echar una lucecita tenúe y que acaso brille un poco, si es posible,
Sobre tu luz que es incandescente,
Que brilla desde el medio de tu océano pacífico,
Hasta mis retinas en el país de las pesadillas.
En tu especialidad, puede que aún escape de ti que esa luz es tuya,
Que tu la irradias brillante y potente,
Y que, como la fascinación por el sol,
Algo hace que me cueste dejar de verla,
Ciega-cigüeña,
Fulana graciosa,
Reina grande, gran ‘reinaora, preciosa,
Apenas te alumbro un poco para que lo veas,
Pequeña
cosa
hermosa.
Dentro del gran diseño,
Milagros vacíos del crédito
Demandado por su dueño.
Son extrañas coincidencias,
En cada color, en cada patrón,
en pequeños detalles y en todo el emporio.
Es el amor que se puede hallar en las apariencias,
Codificado como otro gran misterio aleatorio,
Cada sonido familiar, subliminal en una canción
Cada rostro íntimo, escondido en un gran cuadro,
Cada aroma pasajero que el viento sin nombre le roba a su origen indiferente,
Y lo arroja sin miramientos ni consideraciones, a mis reacciones viscerales,
A mis diez mil memorias disparadas como ojiva del megatón brutal,
De la calle a mi nariz, de algún verano cercano a tu olor diario,
A una tarde genérica en la que estás demasiado lejos de aquí,
Y en vez de imaginar lo probable:
Que pudo ser la esencia, popular y agradable,
Emanada de algún-otro cuerpo ajeno en el montón,
Prefiero pensar que eres tú,
Viajando en información química, olfativa,
A través de miles de kilómetros,
A través de años metafísicos imposibles de surcar,
Desde nuestro verano del ’42,
Todos esos años,
Hasta ahora,
Finalmente recuperados,
Como reconocer la imposible tontería de tus maneras y tus vías intransitables del pensamiento,
Los vecindarios inhóspitos en los que pares, crías, y poner a vivir tu sentido del humor,
Como una extraña aberración, una bestia especial,
Enjaulada para su adiestramiento,
Irreconocible para el hombre que ríe la risa normal
Ajeno, foráneo, antinatural,
Único a su especie, exclusive a su origen y su nacimiento,
Extranjero para cualquiera, pero familia para el que coseche y críe a otro similar,
Lejos de las tierras baldías que son las “otras personas”,
Eres mi país natal,
En el peligro de continuar viviendo en un mundo extinto de misterios
De milagros con fecha de caducidad,
Todos te ven, con pánico, burla y algo más, nada bueno,
Y dicen “!Tore Kong!”
Tore Kong…
Reina, lo eres,
En tu isla perdida, en tu hogar sin límites realistas,
Reinas lo que se extiende y se pierde de vista,
Lo que nadie más conoce y nadie más entiende,
En “Otras personas”, eres grande, dura y ruda,
Eres intimidante y diferente y el pobre cuerdo, se defiende.
Réiname, maravilla,
Réiname como perdidos a millones de kilómetros del MacDonald’s más cercano conocido,
Réiname desde los años entre nosotros, desde el verano del ’42 que no hemos tenido,
Se grande y dura y ruda,
Réiname con tu alma desnuda, en tu esencial salvaje, en la tontería de tus maneras,
Llévame por las vías intransitables de tu pensamiento,
Preséntame en los vecindarios inhóspitos en los que vive tu sentido del humor,
Y te daré a tu primer vecino,
Tu primer amigo, casado de tu amistad,
Empapado de la desnudez de alma y criado en la esencia salvaje,
Quiéreme cerca, en el vecindario, en la misma isla,
En el hogar de todo lo que temes compartir,
Porque hay fenómenos inéditos,
Y milagros huérfanos de dueño,
Existen extrañas coincidencias,
Y aún más cosas hermosas en nuestras diferencias,
En colores,
En todos tus colores,
En sonidos,
Para quien tu risa es tu Novena Sinfonía,
Y tus retratos son las más hermosas alegorías,
En tu arte,
En lo que pintan tus tonterías,
En imaginar lo imposible,
Que tu país existe, tu isla-aun-sin-compartir,
La más grande de tus galerías,
En saber que tu rostro existe y es tan hermoso como recuerdo,
En poder ver lo invisible,
Cuando me hablas y no lo puedo ver,
Y cuando imagino que lo podría volver a hacer,
En palabras imprecisas escondo intenciones que se escurren,
Códigos para tus vías intransitables,
En mi labia que rara vez sirve para algo,
Espero echar una lucecita tenúe y que acaso brille un poco, si es posible,
Sobre tu luz que es incandescente,
Que brilla desde el medio de tu océano pacífico,
Hasta mis retinas en el país de las pesadillas.
En tu especialidad, puede que aún escape de ti que esa luz es tuya,
Que tu la irradias brillante y potente,
Y que, como la fascinación por el sol,
Algo hace que me cueste dejar de verla,
Ciega-cigüeña,
Fulana graciosa,
Reina grande, gran ‘reinaora, preciosa,
Apenas te alumbro un poco para que lo veas,
Pequeña
cosa
hermosa.
martes, 3 de agosto de 2010
poo
A ti, nombre de tu flora,
Rima de tu nombre,
A ti te debo una vida de afectos,
A efectos de una vida afortunada, en tu compañía ubicua
Omnipotente, sin más nada que tú, flora
A partir de ahora,
Invoco un Eco de resonancia hermosa,
Perfecta en su longitud eterna,
Cantada como la canción más tierna,
En tu nombre niña hermosa,
“En el nombre de la rosa”
Un Eco de Umberto te decora,
A ti, en el nombre de tu flora,
En la rima de tu nombre,
La tontería de un pequeño hombre,
Que te quiere grande, que te adora,
Rosa, rosita, Pookie, breve,
Negrita corta corazón inmenso,
El pecho abierto, corazón en mano,
Mi linda poo, ningún segundo ha sido en vano,
Y aún así, a veces me siento indefenso,
Y entonces, tú, rima de ti, my fair lady-poo,
Me haces ver lo hermoso de estar roto, I love you too…
Rima de tu nombre,
A ti te debo una vida de afectos,
A efectos de una vida afortunada, en tu compañía ubicua
Omnipotente, sin más nada que tú, flora
A partir de ahora,
Invoco un Eco de resonancia hermosa,
Perfecta en su longitud eterna,
Cantada como la canción más tierna,
En tu nombre niña hermosa,
“En el nombre de la rosa”
Un Eco de Umberto te decora,
A ti, en el nombre de tu flora,
En la rima de tu nombre,
La tontería de un pequeño hombre,
Que te quiere grande, que te adora,
Rosa, rosita, Pookie, breve,
Negrita corta corazón inmenso,
El pecho abierto, corazón en mano,
Mi linda poo, ningún segundo ha sido en vano,
Y aún así, a veces me siento indefenso,
Y entonces, tú, rima de ti, my fair lady-poo,
Me haces ver lo hermoso de estar roto, I love you too…
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