la hija que mi papá produjo
los hijos caníbales
Daddy, daddy, you bastard, I’m through[1]
Leerá mi próximo poema
Sylvia Plath nunca imaginó que la obra de su vida acabaría siendo tatuajes inmundos en la juventud perdida e inmoral de generaciones posteriores,
Quien la manda a tener tanta razón,
Las figuras paternas, en su condición masculina, son acreedoras de enormes cantidades cualitativas de odio,
Pá, pá, bastardo, ya me harté,
Cuando se tiene un hijo, se tienen a todos los hijos del mundo,
Dijo un padre una vez,
Un padre de otro padre,
Y un hijo, del hijo, del padre poeta,
Propuso
Cuando se tiene un padre, se tienen todos los complejos del mundo,
A partir de ahora es personal,
Gran carajo,
Ahora es contigo,
De mí para ti,
Soy tu hijo, tu verdugo y tu castigo por haber procreado,
Cuando procreas te estás asegurando un fanático de tu odio de por vida.
Todos los hijos del mundo son Kafkas derrotistas,
Todos los hijos varones del mundo son versiones pusilánimes y enclenques de machos alfa,
Padres, espermas victoriosos,
Si un hijo de un padre intenta darle un nieto a su padre, lo más seguro es que sea estéril,
Que su esperma desista a mitad de camino.
Y cuando lo hace por el básico, instintivo y crudo hecho de fornicar a mujer,
Por amor a la madre,
Incesto sin el acto,
O el acto sin la madre,
Cuando un hombre niño jode a mujer durante toda una noche,
Extirpando alaridos de sus vísceras,
Ultrajando contorsiones de su columna,
Recuperando primitivamente la costilla robada,
Así es que un hombre niño, un hombre-hombre, un macho alfa huérfano de Papá aún con vida, logra poner a todos los hijos del mundo en el útero de una mujer,
La gran capacidad de una mujer, es la de parir a un hijo, la de ser madre,
¡Por Dios!
La gran capacidad del hombre es la de convertir a una mujer en madre,
Cuando se tiene a un hijo, se tiene todo el pánico del mundo,
Porque el curso natural de la vida dicta:
Eventualmente todos los hijos varones de padres hombres, deberán asesinar violenta, brutal y salvajemente a sus hombres-padres,
A sangre fría,
Sin comedir,
Sin calcular,
Sin premeditar,
Es mata o se ultimado,
Cómete a tus padres,
Cómete a papá y mamá antes de que ellos te coman a ti,
Porque desde el día en el que tu papá folló a tu mamá, al derecho, al revés, por detrás, misionero y por la fuerza,
El plan fue, desde un comienzo,
“A este carajito podemos almorzárnoslo cuando cumpla la mayoría de edad,
ni más, porque sería lo suficientemente grande para poder defenderse,
ni menos, porque no hay suficiente hijo para comer”
Mi abuelo fue Dios una vez, cuando produjo a todos los hijos del mundo,
Mi padre fue valiente una vez, cuando devoró a mi abuelo antes de que este pudiera echarlo a la olla para cocción,
Y este hijo, nieto y hombre,
Se niega a continuar con las tradiciones familiares,
Porque, para empezar,
Estoy convencido desde el día en que nací,
De que nací mujer,
Y engañado en infancia, de haber nacido varón,
Desayuné a mamá una mañana de un 2 de enero,
La venganza de los hijos caníbales vengará a todas las madres maltratadas, abusadas y devoradas en vida,
Mamá,
Aún espero al cazador del bosque que venga y me abra como al lobo feroz, y te saque de mi estómago,
Hijos del mundo,
Niños del hombre,
Hombres de madres,
Pronuncien conmigo:
“Hijos de puta”
y preparen su apetito,
porque esta noche cenamos a nuestros papás.
[1] Sylvia Plath, “Daddy”. Poema, del libro “Ariel” por Sylvia Plath. 1965.









