
Si eres yo, ni siquiera tienes que leer esto. Si me conoces bien sabes de qué estoy hablando. Si me conoces relativamente bien, sabes de quién estoy hablando. Si mal no recuerdo, fue en el invierno de 1990, aquél fresco y glorioso comienzo de década, que se sentía entonces tan placentero como como se recuerda incluso hoy, 18 años, casi 19, después de que sucedió. Pero los 90's es otro tema completamente autosuficiente. 18 años... Hace 18 años tenía 7 años. Hace 18 años Maradona estaba en su edad dorada. Hace 18 años Nirvana aun era desconocida, y estaba a punto de reventar en la cara del hair metal de los 80. Hace 18 años George Bush era presidente de los Estados Unidos de Norteamèrica... y W. conocía formalmente a la cocaína. Hace 18 años estaban embotellando el whisky que tomé hace un rato y que vengo de orinar. El muro de Berlín recién y lo habían derribado un par de años antes; los personajes de 90210 eran aún vírgenes... y los actores también; todas las personas que conozcas que tienen 18 o menos, no habían nacido, o tenían poco tiempo, meses, semanas o días, de haberlo hecho. Hace 18 años... En el invierno de 1990, mi tía , hermana de mi mamá, hizo un regalo de navidad, de parte de ella y sus dos hijas, las morochas Adriana y Gabriela (siempre mencionadas en ese orden, como una carte de presentación, un orden casi predeterminado, como "Hugo, Paco y Luis" los sobrinos de Mc Pato), mis primas, para mi hermano Andrés y para mí. Era una caja, mediana... extraña y mediana. Tenía un aspecto delicado, y cuando la tocabas tenía un composición delicada. También al tocarla, maullaba. Así, con cuidado, según la indicación de mi tía, mi hermano y yo abrimos la caja con la ansiedad y emoción característicos con la que unos niños de 13 y 7 años respectivamente, abren cualquier cosa rellenable, envuelta en papel, en fechas decembrinas. El contenido de la caja: gati...
Las tapas plegables de la caja de cartón se abrieron como dos compuertas de alguna jaula, o prisión, santuario del encierro de "algo"... "Welcome, to Jurassic Park...". Y tal. De entre las sombras del contenido, un cuerpecito mínimo salió a conocernos. Recuerdo la primera vez que ví a Gati: nos tenía miedo a todos, estaba confundida, era más bien cmo si estuviese saliendo de su gatica mamá al mundo, sin entender nada, entonces, salía al mundo de nuevo, por segunda y última vez, lenta y definitivamente. Las "Giralunas" serían para siempre su hogar. Como un perro en un parque, impertinente, o un niño en una juguetería, encandilada de una especie de brillo en sus ojos, que no la abandonó ni en el último respiro que le vi dar... ya me adelanto mucho a la historia. Los complejos de la vida, sinsentidos como encariñarse con un animal, en el momento en el que te refieres a el y todos los demás que reúnan sus mismas cualidades biológicas, como "eso", y hasta el momento en el que, incluso por hàbito, como práctica inconciente, acostumbrada tras el uso diario de dicho/a sea lo que sea a hablarle, reir con él, dormir ella, almorzar o cenar junto a el o ella, darle su puesto a tu lado para ver televisión, porque una vida de hacerlo, aparentemente, consiguió que tu mascota felina se amaestrara a ser una persona muy callada, pequeña y peluda. El cambio existe, se da, en los primeros años, de hecho, de vida del animal, sus últimos como uno, por cierto, y sus primeros como persona digna, amada y considerada. Este es uno de los mencionados complejos de la vida, cuando en un país de pobreza inhumana a la gente la asesinan sin razones justas para hacerlo, y en otros hasta mueren por malnutrición y hambre porque, algo que podría salvarles la vida, como alimentarse de la carne de una vaca, es una gran ofensa para sus creencias religiosas; al comienzo, cuando la mascota aún es nada más que eso, una mascota, un animal doméstico con el propósito de acompañar profesionalmente, estos complejos de la vida apelaban al sentido común y humano de alguien como, por ejemplo, yo. Después del cambio, después de descubrir en Gati un interlocutor un tanto silencioso pero innegablemente entretenido y versado en distintos saberes de la cultura, y después de dejar de ver esa máscara que traía puesta, de animalito doméstico, y reconocías su verdadero rostro, de persona social, cuando la costumbre, la soledad, la incondicionalidad el amor que somos capaces de inventarnos para colocar, o depositar en otros, producen en esos envases felinos, verdaderos amigos, hijos, hermanos, novias, socios y, en el más humilde de los casos, mascotas divertidas, los complejos de la vida desaparecen, junto a la ilusión de un gato en el lugar de ese amigo que vive, come, habla y duerme con uno, y el asombro y la indignación por la falta de humanidad de las condiciones de vida en algunos lugares del planeta, resultan irrelevantes ante el mejor esfuerzo que uno desde su casa, cómoda y lejana del resto del mundo, pudo realizar. Aquí, un animal vive como realeza... hasta que pasa a ser que una mejor amiga es un poquito caprichosa porque no puede dormir en otra situación que no sea la de realeza.
Así transcurre la vida de una mascota. Desde los abusos divertidos de un animalito joven y resistente, que puede soportar que lo tiren por las escaleras en un casco de patinetero, o que lo guinden con sus pezuñas que son como ganchos, de las persianas, para que escale, o caiga, y así jugar "Indiana Jones" con el/ella, jurando que el/ella está, a su vez, jugando "Indiana Jones" de vuelta con uno, disfrutando de igual manera que uno. Hasta la madurez elegante, del veterano miembro de la familia que apenas se mueve para ir a comer, tomar agua, acurrucarse con uno, y demostrar afecto por una vida entera de cuidados y amoríos imposibles interraciales. Nadie entiende porque un hombre de 25 años llora por su gata fallecida, aún una semana después. O un mes después. O un año... o diez. Pero espero que entiendan a un hijo, o padre, o un amigo o enamorado, en plena catarsis imposible, y, si, se la calan, eterna. Hace 18 años yo no recuerdo mi vida, y hace 18 años no había nada más personal (esto sonará estúpidamente obvio, pero ese es el punto), que mi propia vida. Gati entonces es tan parte de mi vida como el resto de las cosas que la hacen, a mi vida, propia, mía, que hacen que se sienta íntima y nostálgica. La gente ocasiona eso, en otra gente. Como le dije a una muy buena mejor amiga "solo somos especiales en otras personas; soy especial porque tú me haces especial, porque lo soy para tí, y eso es especial para mí", es la base de toda relación verdadera, significativa, duradera y poderosa. Si hay gente que puede salvarte la vida en 5 minutos. En 18 años, un gato puede hacer que entres en una universidad, o que aprendas como ganarte a la novia que te encanta de tu colegio, o a ganar el partido más dificil del deporte que practiques, o a reconocer errores, o a pedir perdón o a aprender a darlo. Pueden pensar que estoy loco, si de verdad creo que hice todo esto y hable de todas estas cosas con mi gatica. Ella respondería: "Si estás loco no podrías pensar que estás loco... los locos nunca saben que lo están, Doh!". Y yo le haría caso.
Memorias, miles. Anécdotas, dos miles. Cicatrices de arañazos, como 5, pero ya son 4 too many. Ella siempre tenía aspecto de estar relajadamente aburrida. Dandi. Cool. Ella tenía un aroma neutro, cuando no olía a más nada específico, sino a ella, su aroma, que más nunca recibiré. Ella era Aries, o Leo. Ella hacía pis en la poceta cuando nadie la estaba viendo... o cuando pensaba que nadie la estaba viendo. Si, ella pensaba, y más que mucha gente que conozco. Ella sentía, igualmente, y ella amaba, y tenía hambre y lloraba, maullaba, y luego comía, y de alguna extraña manera, sonreía con su hociquito, y luego, con aliento a mierda de pescado, dormía y parecía la criatura más pacífica de la creación, y esa vaina parte el alma, cuando tenías que despertarla por alguna razón. Ustedes no vivieron 18 años con ella, entonces, no basta conocerme bien, si no eres yo, tienes que leer esto. Ustedes no la conocieron... y ella los conoció a todos (si conociste a Gati, imagínate, en el momento dado que estuviste con ella, en qué habra ella pensado o sentido, de tí, si le agradaste, si quiso estar contigo, si te busco para que le hicieras cariño, si te rehuyó...) chau Gati.
R.I.P. "tita"
Gati (1990-2008)
Miaw!