hace 3 días mi vida cambió para siempre.
desde entonces y en adelante, por siempre, todo se dividiría en dos líneas de tiempo, la que sigue como continuó mi vida, sin más que lo esperado, mediocre, siempre con la dosis precisa de tragedia doméstica, rebeldía amaestrada, fatalismo comedido; mi excepcionalmente insulsa y común vida, sin grandes logros, sin narraciones extraordinarias de "el ascenso y caída de...". Jamás cayendo desde alturas temibles, porque nunca fui capaz de escalarlas en primer lugar. Esta es tu vida. La que vives mientras lees. O mejor dicho, de la que escapas por minutos, mientras lees, y a la que regresas estoicamente, una vez que pones el libro de vuelta en su estante (o donde lo guardes). Está la línea del tiempo que mide los días que pasan inadvertidamente (porque nadie se preocupa por advertirlos) en ella. Y está la nueva línea del tiempo. La que, desde hace 3 días se generó espontáneamente, por la inercia natural de la línea original, de la que surgen ambas, y que tiene su punto de quiebre hace 3 días; desde entonces se ve como una línea se abre en dos. Esta línea que se perpetúa hacia atrás es mi pasado, es todo lo que he vivido desde que fui concebido hasta hace 3 días. Solo queda por explicar la otra línea. La vida alternativa que comencé a imaginar, ahí sentado junto a mi papá y a mi tío, esperando en el aeropuerto internacional de Miami, por el avión que nos traería de regreso a Caracas. Mientras fabricaba detalles de una vida inexistente, y casi inconcientemente, porque de igual manera que uno puede ver televisión y pararle bolas mientras te hablan, comes y aguantas las ganas de mearte, consumía como imágenes en una pantalla, todo aquello que sucedía frente a mí en aquella terminal: carajitos saltando y disparándose rayos con los puños entre sí, y muriendo y reviviendo, adultos jugando a leer los periódicos y a beber café imaginario, tsk, y otros jóvenes, más y menos jóvenes que yo, pretendiendo ignorar todo esto porque sus complicadas vidas no tienen cabida para las cosas triviales del día a día. Así me encontraba, pensando y contemplando, no muy lejano de una muerte cerebral por ocio olímpico, cuando la voz interrumpió el cuadro perfecto de decadencia moderna, violando desde los altavoces en los techos y paredes de la sala, la "paz" y "quietud" santos de aquella capilla de peregrinos en su ruta misionera por los aires comerciales de American Airlines. Una azafata o algún otro tipo de funcionario femenino de la aerolínea, daba un comunicado que pertenecía al interés de todos. "Ladies n' gentlemen, the flight was overbooked (we fucked up), so to make this easier and faster for everyone (so that someone's ass, most likely mine, won't get fired) we please ask for two volunteers that would like to stay one extra day in Miami and would board another plane for Caracas as soon as tomorrow morning (who wants to get the fuck out of the plane so that a rich fat lady with two asses can sit comfortably?), and upon accepting this offer, the volunteer will also receive an 800$ voucher good for a plane ticket anywhere from American Airlines (but you got fucked anyway, so don't think this is a lose-win situation...). Thank you (Fuck you)." Dios sabe que yo no quiero regresar a Caracas. O bueno, lo sabría si existiera. Ya para este momento, mis trenes de pensamiento que llevaban ponderaciones acerca de la actividad circundante en la terminal, o detalles de la vida que quisiera tener contra la que tengo, habían abandonado mi conciencia sin dejar rastro, todo lo que ocupaba mi mente ahora era pararme lo más rápido posible para alcanzar el mostrador a donde convocaron a los voluntarios a acercarse a aceptar la oferta. Se convirtió en una mini carrera; desde el otro lado de la sala (que estaba repleta de venezolanos impacientados, cargados de hijos pequeños ladillados y escandalosos, y sus ancianos y más insoportables aún, abuelos, que no hayan manera de moderar el volumen de sus voces al despotricar y quejarse de cualquier mierda que los incomode, que a la módica edad de 70+, es practicamente cualquier brisita que les frote un cabello en la dirección contraria), se podía apreciar a mis contendentes acercándose a medida que se cerraban las distancias, unos 4 o 5 otros candidatos a quedarse, apresurando el paso al caer en cuenta de mi presencia y la de otros en la "competencia" improvista. Con ansiedad exacerbada pude ver como el primer voluntario, una chica de aspecto no-venezolano, alcanzaba la oferta de primera, pero si no me engañaba mi visión periférica del lugar, estaba seguro de que nadie más me ganaría a mi honrado segundo lugar. Aparentemente estaba equivocado porque justo al llegar al mostrador también lo hizo un señor, un muy sudado maracucho (estos carajos sudan por la ropa aparentemente, porque el aire acondicionado mantenía todo muy fresco), mayor que yo, digamos que en su temprana cuarta década de muy miserable, aunque ignorante de ello, existencia. El muy huevón me sonrió con una expresión de viveza venezolana (probablemente la expresión que más arrechera me produzca de todo el espectro de expresiones faciales humanas) y comenzó a discutir las condiciones de su victoria. Justo cuando me di media vuelta, y mirando al suelo, con la misma actitud derrotista con la que caminaba normalmente incluso cuando no perdía nada, la misma actitud con la que vivía mi vida, escucha una voz justo detrás de mí, no sabía si era conmigo, pero voltée de cualquier manera. "Señor. Señor". Era conmigo. Era la señorita, la misma que había convocado a los voluntarios, y la misma que había atendido al señor huevón. Frente a ella, el señor huevón tenía ahora una muy distinta expresión en su cara, era la indignada y quejica mirada de "me jodieron", con un aire de protesta social y otro poco de indigenismo abusado. Genial. No pude disimular la sonrisa que me produjo esto. En fin. Estoy en el mostrador y la señorita me recibe con una sonrisa de "buenas noticias" o de "demasiado malas noticias así que empieza sonriendo para ir descendiendo en 'spelunkin' ''. Aparentemente solo estaban recibiendo voluntarios que no hayan chequeado maletas, y como entre mi papá y yo solo chequeamos 2 a su nombre, la suerte estaba de mi lado, y no del tipo anterior. Así fue que llegué a quedarme un día extra en Miami, separándome por primera vez en todo el viaje de mi papá... (cont.)