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domingo, 16 de marzo de 2008

Para Laetitia

Poema por Carlos Domínguez (http://papeles-en-blanco.blogspot.com). Debido a su caracter íntimo, y porque se lo que esta experiencia significó para mi amigo, el autor del poema, siento que debo, a manera de introducción, advertir que cualquier cosa que diga al respecto del mismo poema, quedaría corto. Pocas veces he leído como una experiencia tan intensa y jodida, resulta tan precisa y justamente documentada. Yo viví dos lados de esta vivencia: la narración en carne viva, con el humo del cigarrillo que ayudaba a calmar al pobre carajo burlado por una maestra francesa, y ahora la versión adornada por palabras "bonitas". De cualquier manera, estas son palabras que valen la pena...



"Sentada sobre la cama sostienes una copa de vino tinto. La llevas delicadamente a tus agrietados labios. Tu sangre se mezcla con el licor y tus ojos se inyectan con el mismo éxtasis de aquella noche inédita para el mundo. Desnuda y con un pincel en la otra mano intentas dar un primer trazo sobre el lienzo. ¿Cuanta angustia se acumula coloridamente en la punta de tu pincel? ¿Cuánta tristeza se sedimenta en el fondo de tus pinturas? ¿Cuántas lágrimas necesitas para diluir la intensidad de los colores? el lienzo espera pacientemente el momento de ser fecundado por tu locura. Allí reposa sobre su prótesis de madera y con la mirada perdida entre los átomos de tu cuerpo. Es hora de encender las luces en medio de la confusa danza orgiástica de colores. El halo de fuego se escapa por el oeste dejando una brillante estela moribunda sobre todas las cosas. Das otro sorbo desesperado y llenas la copa otra vez. Enciendes la luz de una vela, esa que se adhiere a tu pequeño cuerpo mestizo y no te deja escapar. Entre sombras vacilantes caes tumbada sobre la cama y ves elefantes de oro desfilar delante de ti. Paquidermos en cinta llevando embriones sin codificar en sus matrices infectas. Mamíferos que eyaculan nitrógeno líquido entre tus piernas y preñan a todas las sombras de tu habitación con una alegría desesperanzada. Allí estás sin entender los misterios de nuestra civilización. Al fin y al cabo, todo es un caos. Consume un poco más, ayuda al nuevo imperio digital. Deja que tu corazón sea extirpado por los grandes cirujanos plásticos de nuestra era decadente. Permite que la sangre corra bajo las alcantarillas de esta sifilítica ciudad y deja que las ratas beban de ella. Deja que se embriaguen con nuestra metálica hemoglobina y que le canten a Dionisio, su único Dios. Quiero ver al macho cabrío morir mil veces más, quiero cantar alegremente con lágrimas en mis ojos. Me quiero bañar con la sangre de esta generación poluta que solo supura sus propios deseos de riqueza."

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